Sobre 'Las pasiones alegres' de Pablo Farrés
Podría empezar a escribir sobre Las pasiones alegres con una cita de Martínez Estrada: "Ya no es la ciudad una cárcel sino una máquina." (La cabeza de Goliat). La Máquina es la que todo lo engulle y de la que parecía no haber escapatoria ("una misma y única máquina universal estropéandose"). El castillo, el gran castillo kafkiano que es la memoria, pero extremado hasta el hartazgo. "Pasado de rosca", como bien lo definió Martín Kohan. Bah, no. Pasado no: pasadísimo de rosca. Eso es la literatura de Farrés. La posibilidad de llevar cualquier mínima idea hasta lo más obsesivo y paranoico, como un Bernhard ilimitado. Y en el medio de todo esto, explorar cualquier idea de escritura. La segunda parte del libro, 'Poema porno financiero hecho con la nada que mi madre ha parido', podría ser leído como un Kafka-meets-Phillip Dick, pero totalmente desfasado. La posibilidad de llegar a la ciudad de Urstaat como la Tierra Prometida, el lugar de la salvación, s...