Sobre 'Las pasiones alegres' de Pablo Farrés
Farrés despliega en sus anteriores novelas (yo leí Literatura argentina y Mi pequeña guerra inútil) las desintegraciones de las instituciones que nos componen. La familia, los reglamentos, el cánon, la historia, la propia memoria como una institución traicionera. Y quizás algo de lo más interesante es el trabajo sobre sus desintegraciones: en el caso de la familia (tema no recurrente, sino central en toda la producción de Farrés) no es tanto la destrucción del núcleo familiar, sino más bien la familia como núcleo de la destrucción del individuo, mecha de la locura que siempre termina explotando.
Ciertamente es difícil hablar de una novela de coyuntura. Es extremista, es sádica, pesada por momentos y absolutamente genial siempre. ¿Quién más, sino Farrés, podía escribir semejante obra? Y es que Urstaat es un lugar que se sucede ad infinitum, con sus pasillos interminables es El castillo delirado (si es que lo de Kafka no es ya en sí un delirio). El altillo en el que el padre trabaja en su Messerschmitt a escala, donde el relato se va narrando con mínimas variables infinitas veces y llega un punto de locura en el que uno no sabe de dónde agarrarse. Y como bien dice el texto, solo queda seguir. No se puede escapar. Solo queda seguir, siempre.
Lean a Farrés. Lean Las pasiones alegres. Es un hito que pasa cada mucho tiempo.

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