Mario y Felipe de paseo por Bargfeld
Polleri usa el fragmento por una negativa a las transiciones. El relato se forma a partir de escenas aisladas, de pequeños retazos de diálogo, narrativas, hechos concretos. Quizá más que retazos debería hablar de martillazos hacia el lector. Uno tras otro, sin descanso y sin respiro. En una entrevista lo comparan con los facazos de la escena del baño en Psycho, pero la diferencia radica en que Polleri escribe con la cámara enfocando al cuchillo y no a la víctima. De ahí que su literatura se pueda tornar revulsiva si se extendiera de más.
La lógica de Bellatin es distinta. El fragmento sirve para desarticular la lógica de la novela y la lectura progresiva. Como Macedonio, Una novela que comienza. Bellatin no adhiere a que una novela comience ni que termine, sino que se puede leer desde cualquier lugar y aún así cobrar sentido. Así también elimina la pretensión de leer por géneros. Invierte las lógicas del poema, la novela y el cuento con las de la biografía y el ensayo. Y aún así, pareciera que a Bellatin no le interesa la literatura, sino que le obsesiona la escritura. Por dejar de pensar en el libro-objeto en los términos a los que normalmente se lo asocia y retraerse a la preocupación esencial por la escritura, es que Bellatin crea una obra de fragmentos que se pueden leer todos independientemente del otro, y aún así forma el gran cuadro de la escritura. Uno que está borroneado y al que no tenemos acceso para ver completo, pero del que tenemos fragmentos.
Descubriendo este fantastico blog... ojala sigas publicando
ResponderBorrar¡Mil gracias, Alicia y Ana Maria! Aprecio mucho el comentario. Voy a ir publicando mis lecturas y alguna cosa más con el tiempo. Saludos.
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